Lejos de las roscas vacías, el dirigente plantea una salida política real: organización desde abajo, unidad con programa y un proyecto nacional que enfrente al poder financiero.
En un escenario donde la política parece girar en falso mientras la economía real se desangra, Carlos Raimundi vuelve a poner el dedo en la llaga: el problema de la Argentina no es solo económico, es profundamente político. Y más aún, es un problema de poder.
Desde el espacio del Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M), Raimundi no se suma al coro de diagnósticos tibios ni a las promesas recicladas. Apunta directo al corazón del modelo: un esquema que privilegia la especulación financiera mientras relega a quienes producen, trabajan y sostienen el país todos los días.
La crítica no es nueva, pero sí lo es la propuesta. Porque donde otros ven fragmentación, el MP25M busca construir. Donde hay resignación, propone organización. Y donde la política tradicional se encierra en acuerdos de cúpula, Raimundi insiste en algo que incomoda: el poder no se declama, se construye desde abajo.
No hay lugar acá para aventuras personalistas ni para sellos vacíos. Lo que se plantea es más profundo: la necesidad de un nuevo sujeto político que exprese a las PyMEs, a los trabajadores, a las cooperativas, al entramado científico-tecnológico y a las economías regionales. Es decir, a la Argentina que produce y que hoy está asfixiada.
El eje es claro: sin proyecto nacional no hay salida, pero sin poder político real ese proyecto es papel mojado. Por eso el MP25M no habla solo de unidad, sino de unidad con programa. No alcanza con juntarse para ganar elecciones; hay que saber para qué y contra quién.
Y ahí aparece la definición más filosa: el enemigo no es abstracto. Es un modelo económico que ha convertido al país en terreno de especulación, donde la renta financiera manda y la producción queda subordinada. Frente a eso, Raimundi propone recuperar una idea que muchos quisieron enterrar: la soberanía económica como base de la democracia.
La construcción que impulsa el MP25M no promete soluciones mágicas ni atajos. Propone algo más incómodo, pero también más sólido: organización territorial, articulación sectorial y acumulación de fuerza social. En otras palabras, volver a hacer política en serio.
Porque en definitiva, lo que está en juego no es solo un modelo económico, sino quién decide el rumbo del país. Y en esa disputa, Raimundi deja una advertencia que también es un llamado: sin protagonismo del pueblo organizado, no hay alternativa posible.
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