“Cuando importamos maquinaria barata, destruimos la industria nacional — la cosechadora y el país roto”

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El artículo de Jáuregui relata —desde su experiencia como hijo y nieto de productores de Tandil— la dramática transformación del campo y la industria nacional: en décadas pasadas, el país contaba con fábricas metalmecánicas que producían cosechadoras adecuadas para productores chicos y medianos, reparables localmente, con repuestos nacionales y financiamiento accesible. Fabricantes como Bernardín, Senor, Daniele y Vassalli eran emblemas de esa industria. (Tiempo Argentino)


Con las políticas de apertura de importaciones de los ’90, la entrada de cosechadoras extranjeras subsidiadas y con crédito barato provocó el colapso de esa industria: muchas fábricas cerraron, desaparecieron talleres y tornerías, y se perdieron oficios y empleos vinculados.


Ese proceso no solo significó la destrucción de la industria nacional, sino también la expulsión de pequeños productores que ya no podían competir: muchas familias como la suya debieron vender sus tierras, pasar a alquilar, o convertirse en contratistas.


La consecuencia fue la concentración de la producción agropecuaria en manos de grandes contratistas que compraron maquinaria importada, y el dominio del mercado por multinacionales de equipamiento agrícola, en detrimento de la soberanía industrial y del tejido productivo nacional.

Opinión de Matías Jáuregui — ingeniero agrónomo, productor de Tandil y miembro del MP25M — sobre cómo la apertura indiscriminada de importaciones y el abandono de la industria metalmecánica agrícola terminaron con la soberanía, el arraigo y los pequeños productores.
Matias Jauregui – Ing. Agro y productor de Tandil

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