Opinión de Matías Jáuregui — ingeniero agrónomo, productor de Tandil y miembro del MP25M — sobre cómo la apertura indiscriminada de importaciones y el abandono de la industria metalmecánica agrícola terminaron con la soberanía, el arraigo y los pequeños productores. Basada en su publicación por (Tiempo Argentino)
El artículo de Jáuregui relata —desde su experiencia como hijo y nieto de productores de Tandil— la dramática transformación del campo y la industria nacional: en décadas pasadas, el país contaba con fábricas metalmecánicas que producían cosechadoras adecuadas para productores chicos y medianos, reparables localmente, con repuestos nacionales y financiamiento accesible. Fabricantes como Bernardín, Senor, Daniele y Vassalli eran emblemas de esa industria. (Tiempo Argentino)
Con las políticas de apertura de importaciones de los ’90, la entrada de cosechadoras extranjeras subsidiadas y con crédito barato provocó el colapso de esa industria: muchas fábricas cerraron, desaparecieron talleres y tornerías, y se perdieron oficios y empleos vinculados.
Ese proceso no solo significó la destrucción de la industria nacional, sino también la expulsión de pequeños productores que ya no podían competir: muchas familias como la suya debieron vender sus tierras, pasar a alquilar, o convertirse en contratistas.
La consecuencia fue la concentración de la producción agropecuaria en manos de grandes contratistas que compraron maquinaria importada, y el dominio del mercado por multinacionales de equipamiento agrícola, en detrimento de la soberanía industrial y del tejido productivo nacional.
Para Jáuregui —y desde la perspectiva del Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M)— esta historia de desindustrialización y concentración económica no puede verse como nostalgia, sino como una advertencia sobre las consecuencias reales de políticas de apertura indiscriminada, crisis estructural del agro y pérdida del arraigo productivo.
