Mientras el Gobierno nacional insiste en hablar de recuperación y «brotes verdes», las pequeñas y medianas empresas enfrentan un escenario marcado por la caída del consumo, el cierre de establecimientos productivos, la pérdida de empleo formal y una apertura importadora que profundiza la desindustrialización. Julián Moreno, presidente de AAPYME, advierte que el modelo económico actual favorece la concentración de la riqueza y debilita la producción nacional.
El presidente de AAPYME, Julián Moreno, cuestiona el relato oficial sobre la recuperación económica y expone el impacto de las políticas del gobierno de Javier Milei sobre las PyMEs, el empleo, la industria nacional y el mercado interno.
Los «brotes verdes» que solo existen en el discurso oficial
En los últimos meses, el Gobierno nacional ha sostenido que la economía comienza a mostrar señales de recuperación. Funcionarios como el secretario de Política Económica, José Luis Daza, hablan de «brotes verdes», de nuevas empresas y de empleos que —según afirman— pronto comenzarán a sentirse en la vida cotidiana.
Sin embargo, esa descripción contrasta de manera contundente con la realidad que viven miles de pequeñas y medianas empresas argentinas.
En una entrevista reciente, Julián Moreno, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (AAPYME), respondió con dureza a esas afirmaciones y sostuvo que la recuperación anunciada simplemente no aparece en la economía real.
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Una economía que pierde empresas todos los días
Para Moreno, los datos desmienten el optimismo oficial.
Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, la actividad económica mantiene una tendencia descendente acompañada por el cierre constante de empresas y la pérdida sostenida de puestos de trabajo registrados.
Según explicó, ya se contabilizan más de 28.000 empresas menos y alrededor de 342.000 trabajadores formales perdieron su empleo. Esto representa un promedio cercano a 30 empresas que dejan de operar cada día, debilitando el entramado productivo nacional.
Moreno cuestionó la idea de que estén naciendo nuevas «empresitas», como sostiene el Gobierno, y afirmó que muchas personas simplemente intentan sobrevivir abriendo pequeños emprendimientos luego de perder su empleo formal, una situación muy distinta al nacimiento de un verdadero proceso de desarrollo productivo.
Un modelo económico que privilegia la especulación y los bienes primarios
El presidente de AAPYME sostuvo que la orientación económica del Gobierno responde a un proyecto claramente antiindustrial.
En su análisis, la prioridad oficial está puesta en la exportación de materias primas y commodities para obtener divisas destinadas al pago de la deuda, relegando completamente el fortalecimiento de la industria nacional, la producción con valor agregado y el desarrollo tecnológico argentino.
Desde esta perspectiva, el deterioro del aparato productivo no constituye un efecto secundario del programa económico, sino una consecuencia coherente con un modelo que reduce el papel de la industria como motor del crecimiento.
La crisis ya alcanza a toda la sociedad
Uno de los conceptos centrales planteados por Moreno es que el deterioro productivo ya dejó de ser un problema exclusivo del sector industrial.
Los indicadores muestran retrocesos significativos:
- La industria acumula una caída cercana al 9 %.
- La construcción registra una contracción del 20 %.
- El comercio retrocede alrededor del 5 %.
Estos números reflejan que la pérdida del poder adquisitivo y la disminución del consumo afectan transversalmente a toda la economía.
Aunque todavía exista un pequeño sector con capacidad para comprar dólares o mantener elevados niveles de consumo, esa realidad convive con un proceso creciente de concentración económica que beneficia a pocos mientras deteriora las condiciones de vida de la mayoría de la población.
La caída del consumo golpea el corazón de las PyMEs
Consultado sobre cuál es hoy el principal problema que enfrentan las empresas, Moreno fue categórico: la falta de ventas.
Sin consumidores, ninguna reducción impositiva alcanza para sostener la actividad.
A este escenario se suma una fuerte apertura importadora que desplaza a la producción nacional justamente en el escaso mercado que todavía permanece activo.
En otras palabras, las PyMEs venden menos porque cae el consumo y, al mismo tiempo, deben competir con productos importados que ingresan en condiciones mucho más favorables.
Costos crecientes y un dólar que perjudica a la producción
El dirigente empresario también advirtió sobre otro factor que agrava la situación: el aumento de los costos productivos.
El atraso cambiario encarece los costos internos, mientras las tarifas energéticas impactan especialmente sobre la industria, uno de los sectores con mayor consumo eléctrico y de gas.
Moreno cuestionó además la demora en la finalización del gasoducto, señalando que la importación de gas licuado implica costos muy superiores que finalmente terminan trasladándose al aparato productivo nacional.
A su juicio, las próximas facturas energéticas podrían desencadenar una crisis aún más profunda para numerosas industrias argentinas.
El empleo formal continúa desapareciendo
Las perspectivas para el mercado laboral tampoco resultan alentadoras.
Cada empresa que cierra implica la pérdida de entre diez y quince puestos de trabajo registrados.
El resultado es una espiral descendente donde la caída de la actividad reduce las ventas; la disminución de las ventas provoca cierres empresariales; y esos cierres destruyen empleo formal, debilitando aún más el mercado interno.
Moreno advirtió que, salvo la llegada de un importante proceso de inversiones productivas —algo que hoy no se observa—, esa dinámica continuará profundizándose en los próximos meses.
Más allá del relato, la economía real pide otro rumbo
Las declaraciones del presidente de AAPYME expresan una preocupación compartida por amplios sectores del entramado productivo argentino.
Mientras el discurso oficial insiste en que las bases del crecimiento ya fueron construidas, miles de pequeñas y medianas empresas continúan enfrentando una realidad marcada por la caída del consumo, la pérdida de competitividad, el aumento de costos y el cierre permanente de establecimientos.
Para quienes sostienen una visión desarrollista de la economía, la recuperación no puede medirse únicamente por indicadores financieros o por la estabilidad macroeconómica. Debe reflejarse en fábricas que vuelven a producir, comercios que incrementan sus ventas, trabajadores que recuperan empleos de calidad y jóvenes que encuentran oportunidades dentro del aparato productivo nacional.
Porque detrás de cada PyME que baja sus persianas no solo desaparece una unidad económica: también se pierden saberes, vínculos comunitarios, proyectos familiares y una parte del entramado social que durante décadas permitió construir una Argentina con movilidad social, trabajo digno y desarrollo industrial. Esa es la dimensión humana de una crisis que, según AAPYME, difícilmente pueda ocultarse detrás de la metáfora de unos «brotes verdes».
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